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Este plato está compuesto por una galleta de pasta filo hecha al horno en la cual se monta un pimiento de piquillo confitado a baja temperatura en aceite de oliva relleno de rabo de toro guisado. Por encima, se salsea con la salsa del guiso. Si hay algo que me gusta ver y vivir en la cocina, es a estas madres y abuelas que han dedicado toda su vida a dar de comer a hijos, nietos, sobrinos... Con sus pucheros, sus fuegos de gas, sus ingredientes, a veces excasos, pero siempre de la tierra, naturales, de las mejores calidades... Ver como dan de comer a los que se sienten a la mesa, muchas veces sin planificar si eran 3, 5 o 10. De ellas se aprende mucho y son capaces de hacerte viajar en el tiempo con un simple olor a guiso, o un sabor de una croqueta bien hecha... Es por este tipo de cocina por lo que me pierdo, me encanta comerla y también intentarla. Intento poner atención a los guisos de mi madre, de mi abuela, de la típica señora que lleva el único bar en una aldea de Galicia y te prepara con cariño un plato en bata de guata y zapatillas de andar por casa... Pero es cierto, que todo en la vida evoluciona y soy partidario de esa evolución pero sin perder las bases, el origen de cada cosa que comemos y de cada uno de nosotros. Por todo esto, el plato que os presento es el mejor candidato para presentarme a mí mismo. Un plato que se adapta a la evolución pero sin perder los orígenes. Es un plato que lleva el guiso de rabo de toro de mi madre que solo con olerlo me hace sentir un niño en mi casa, con mi familia; pero montado en un pimiento de piquillo confitado a baja temperatura sobre una galleta de pasta filo. Una manera de comer ese guiso maravilloso, en forma de canapé.

Pimientos de piquillo confitados rellenos de rabo de toro

Videoreceta
4 Mayo 2016

Este plato está compuesto por una galleta de pasta filo hecha al horno en la cual se monta un pimiento de piquillo confitado a baja temperatura en aceite de oliva relleno de rabo de toro guisado. Por encima, se salsea con la salsa del guiso.
Si hay algo que me gusta ver y vivir en la cocina, es a estas madres y abuelas que han dedicado toda su vida a dar de comer a hijos, nietos, sobrinos... Con sus pucheros, sus fuegos de gas, sus ingredientes, a veces excasos, pero siempre de la tierra, naturales, de las mejores calidades... Ver como dan de comer a los que se sienten a la mesa, muchas veces sin planificar si eran 3, 5 o 10.
De ellas se aprende mucho y son capaces de hacerte viajar en el tiempo con un simple olor a guiso, o un sabor de una croqueta bien hecha...
Es por este tipo de cocina por lo que me pierdo, me encanta comerla y también intentarla. Intento poner atención a los guisos de mi madre, de mi abuela, de la típica señora que lleva el único bar en una aldea de Galicia y te prepara con cariño un plato en bata de guata y zapatillas de andar por casa...
Pero es cierto, que todo en la vida evoluciona y soy partidario de esa evolución pero sin perder las bases, el origen de cada cosa que comemos y de cada uno de nosotros.
Por todo esto, el plato que os presento es el mejor candidato para presentarme a mí mismo. Un plato que se adapta a la evolución pero sin perder los orígenes. Es un plato que lleva el guiso de rabo de toro de mi madre que solo con olerlo me hace sentir un niño en mi casa, con mi familia; pero montado en un pimiento de piquillo confitado a baja temperatura sobre una galleta de pasta filo. Una manera de comer ese guiso maravilloso, en forma de canapé.