Newsletters
SUSCRÍBETE A LA NEWSLETTER
Entrar
Este verano, recién descubiertas mis intolerancias a la lactosa, fructosa, sorbitol y gluten (y además con un bicho en el estómago que tampoco me dejaba tomar azúcar, levadura, arroz...) fui a una comida familiar donde, entre los 40ºC de mi pueblo en pleno agosto y lo poco que podía comer, estaba para que me diese algo. El día transcurrió sin mucha alegría, pegada a mi triste tupper y poniendo buena cara mientras los demás comían paella y bebían cerveza fresquita como si no hubiese un mañana. Hasta que, a eso de las 7 de la tarde, alguien salió de la cocina con un platazo (una "sartená", como decimos en mi pueblo) de huevos rotos con patatas y jamón. No era ni de lejos un plato bonito digno de aparecer en Instagram, parecía más un revoltijo de algo amarillo, yemas a medio cuajar (¡como mejor están!) y jamón cortado bien finito. Entonces escuché las palabras mágicas de quien lo había preparado: "¡Lucía, come tú también, que no lleva cebolla ni nada que no puedas tomar!). Me supo a gloria, me podría haber comido la sartená entera y repetir. Desde entonces los huevos rotos con jamón son mi comida favoritísima. También es verdad que no he vuelto a probar unos tan buenos como los de aquel día... puede ser que los haya idealizado un poco... sea como esa, ese es el plato de mi vida.

Huevos rotos con patatas y jamón

Videoreceta
4 Mayo 2016

Este verano, recién descubiertas mis intolerancias a la lactosa, fructosa, sorbitol y gluten (y además con un bicho en el estómago que tampoco me dejaba tomar azúcar, levadura, arroz...) fui a una comida familiar donde, entre los 40ºC de mi pueblo en pleno agosto y lo poco que podía comer, estaba para que me diese algo.
El día transcurrió sin mucha alegría, pegada a mi triste tupper y poniendo buena cara mientras los demás comían paella y bebían cerveza fresquita como si no hubiese un mañana. Hasta que, a eso de las 7 de la tarde, alguien salió de la cocina con un platazo (una "sartená", como decimos en mi pueblo) de huevos rotos con patatas y jamón. No era ni de lejos un plato bonito digno de aparecer en Instagram, parecía más un revoltijo de algo amarillo, yemas a medio cuajar (¡como mejor están!) y jamón cortado bien finito. Entonces escuché las palabras mágicas de quien lo había preparado: "¡Lucía, come tú también, que no lleva cebolla ni nada que no puedas tomar!). Me supo a gloria, me podría haber comido la sartená entera y repetir.
Desde entonces los huevos rotos con jamón son mi comida favoritísima.
También es verdad que no he vuelto a probar unos tan buenos como los de aquel día... puede ser que los haya idealizado un poco... sea como esa, ese es el plato de mi vida.