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BROWNIE EXPRESS

Y EL HOMBRE QUE SIEMPRE ESTABA

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Era el noveno cumpleaños de Javi y, como casi siempre, lo celebraban solos. Llevaba cuidándolo sola más de 5 años y no era fácil. A un trabajo tan poco atractivo com mal remunerado había que sumarle la naturaleza complicada del chico. La muerte de su padre había sido difícil para los dos, pero el aumento de la introversión de Javi parecia no tener fin.

Apartó de su mente el recuerdo de los años felices por un momento y dispuso los ingredientes que necesitaba para hace el plato favorito de su hijo, él lo llamaba brownie express:

    - 100g de chocolate postres.
    - 100g de mantequilla.
    - 100g de azucar moreno.
    - 100g de harina.
    - 2 cucharadas de levadura.
    - 2 huevos batidos.

 

Y, por ser una ocasión especial, esta vez añadiría 4 onzas de chocolate negro rallado, 250g de nata montada y 125g de mermelada de frutas del bosque.

Le encantaba preparar aquel postre, sabía que no le llevaría más de 10 minutos y el resultado siempre era del agrado de ambos.

Caía la noche y los fulgores que entraban por la ventana anunciaban una buena tormenta, olas intermitentes de luz resaltaban brevemente el brillo de los utensilios que había sobre la encimera en penumbra:

    -Un plato hondo apto para microondas o un molde de vidrio poco profundo de 20 cms. de diámetro.
    -Un bol también apto para microondas.
    -Una espátula de goma.
    -Unas varillas.

 

Javi estaba entretenido mirando un álbum de fotos de su infancia. Eso permitiría a Ángela concentrarse en la preparación durante un buen rato. Engrasó el plato y cubrió las paredes del mismo con papel encerado. Luego dispuso el chocolate y la mantequilla en el bol. Metió el bol en el microondas y fundió la mezcla a máxima potencia durante 1 minuto aproximadamente.

Las sombras que lo relámpagos proyectaban sobre los azulejos de la cocina parecían, en ocasiones, humanas. Era una sensación familiar. Desde que murió su marido había estado muy sola y, sin embargo, nunca lo sintió así. Era como si él nunca se hubiera ido del todo, como si hubiera encontrado la manera de permanecer junto a ella. Ángela sabía que una afirmación así era digna de un manicomio, pero no le importaba lo más mínimo mientras sintiera que él estaba cerca. Necesitaba esa sensación de seguridad como el aire, fuera o no razonable.

 

 

Mientras esperaba la señal del microondas, la voz de Javi interrumpió el silencio imperante:


    - ¡Mamá! -la llamó-.
    - Dime campeón.
    - ¿Quién es el hombre de gafas que aparece en las fotos?
    - Es el tío Jesús cariño- respondió asomándose al salón-. Nos hizo mucha compañía cuando papá se fue... ¿Te acuerdas?
    - ¡Sí! ¡El tío Jesús!


Naturalmente Javi no podía acordarse. Solo tenía cinco años cuando conoció a Jesús, el hombre que tanto la consoló con su amor durante una temporada, pero el niño no era muy dado a conversar y a menudo daba la respuesta más fácil.

El sonido del microondas la sacó de su reflexión. Sacó el bol y mezcló el chocolate y la mantequilla con la espátula de goma. Después incorporó con las varillas el resto de ingredientes a la mezcla. Los revolvió bien y vertió la mezcla sobre el plato hondo. Ya sólo quedaba hornearlo en el microondas durante unos 6 minutos a máxima potencia.

Decidió ir a sentarse con su hijo mientras el electrodoméstico hacía su trabajo, aunque volvería de vez en cuando para vigilar el chocolate. El fundido en microondas era el secreto de la rapidez de la receta, pero debía aplicarse con cuidado para que no se quemara, abriendo de vez en cuando el microondas hasta que el chocolate quedase fundido.

Javi seguía ensimismado con las fotos.

Le era sencillo abstraerse, ya fuera con la televisión, con libros o con una simple imagen. Pero esta vez

había algo distinto, estaba plenamente concentrado en una foto concreta, una que le sacó Ángela la primera vez que le llevo a un parque de atracciones. Escudriñaba cada centímetro de ella.

    - ¿Qué haces cariño?  -preguntó Ángela distendidamente- ¿Por qué miras tanto esa foto? Hay más fotos del parque.
    - Estoy buscando al tío Jesús.

Como ella ya había asumido, su hijo había intentado acortar la conversación anterior, no solo no se acordaba bien del tío Jesús sino que parecía haber dado por hecho que saldría en todas las fotos.


    - Pero Javi, el tío Jesús no puede estar en todas las fotos, solo en algunas.
    - Sí está en todas. Pero en ésta todavía no le he encontrado.

La foto retrataba a Javi con un peluche enorme en los brazos, Junto a una llamativa fuente. Detrás, fuera de foco, se veían algunas atracciones y decenas de personas que pasaban por allí. Ángela no dio mucha importancia al comentario de su hijo, pero no le gustó. Se había acostumbrado a que en ocasiones hablara solo y a que se refiriera en plural a cosas que únicamente había vivido él, utilizando frases como "estábamos viendo la tele" en vez de "estaba viendo la tele", pero por nada del mundo quería que Javi se inventara un padre. Bastante tenía ya en el colegio con su insociabilidad.


Decidió meditar unos segundos qué iba a decirle. Javi nunca se creía nada que no pudiera comprobar por él mismo, así que decidió que lo más sensato era dejarle buscar a esa persona imaginaria, para después demostrarle que estaba equivocado.

Se levantó y se dirigió a la cocina. Quería cerciorarse de que el chocolate no se le había quemado. Al empujar la puerta de la cocina, sintió una ligerísima oposición que le impidió abrirla del todo, igual que cuando su marido se escondía allí para después darle un susto en forma de abrazo. Ángela jamás se sorprendió, pero siempre fingía el mayor de los terrores cuando él la estrechaba entre sus brazos.

Abrió la puerta del microondas y comprobó el chocolate. Todo iba bien y ya había empezado a fundirse. 

Entonces volvió junto a su hijo sin comprobar la puerta, como siempre. Era perfectamente consciente de que esa pequeña fuerza que a veces notaba al abrir una puerta era irreal, fruto de su imaginación. Cualquier persona habría comprobado que el espacio estaba, efectivamente, vacío, solo por asegurarse. 

Pero Ángela jamás lo comprobaba. No quería estropear la sorpresa de su marido. Aunque ya no podía verle, de algún modo sabía que estaba allí.

Cuando entró de nuevo en el salón su hijo la estaba esperando. La miraba atentamente con los ojos de quien ha encontrado lo que buscaba y el álbum, abierto aún por la misma página, reposaba en su regazo:

    - Ya he encontrado al tío Jesús  - dijo Javi esbozando una sonrisa triunfal-.
    - A ver, enséñamelo.

Su paciencia había merecido la pena, tenía a su hijo justo donde quería. La simple comparación del verdadero tío Jesús con quien quiera que su hijo hubiera encontrado bastaría para sacarle de su error. Pero no fue así.

    - Aquí, mira.

Javi señaló un punto de la foto con su dedo índice. Era la figura distorsionada de un hombre que caminaba por el parque a unos metros de su hijo. La silueta era muy pequeña, Ángela se acercó cuanto pudo.

A pesar de la ausencia de detalles, se apreciaba a un hombre alto y muy delgado. Era moreno, de pelo corto y un reflejo en su cara delataba que llevaba gafas. Fuera quien fuera, Ángela no lo había visto nunca. Caminaba cabizbajo, ligeramente encorvado y con las manos en los bolsillos. Nada raro, aunque no era la actitud propia de una persona en un parque de atracciones infantil. Además, el hombre estaba solo.

Ángela cogió con dulzura el álbum y buscó una foto en la que saliera Jesús, para evidenciar el equívoco comparándolas. En un par de segundos encontró una perfecta.

En ella, se les veía a los tres frente a la fachada del hotel Mar Azul, en Denia, lugar al que viajaron unos años atrás de vacaciones. Ángela y Jesús figuraban a ambos extremos de la foto y Javi, en medio, les daba la mano a los dos.

    - Mira ¿ves? Éste es el tío Jesús -dijo Ángela señalando la foto-.
    - ¡Ah! -comprendió Javi-. Yo pensaba que el tío Jesús era éste.

Javi señaló el interior del hotel, concretamente la recepción, que podía verse a través de la puerta de cristal. Apenas se veía nada, la luz del exterior contrastaba con la débil iluminación del interior y los reflejos del cristal no ayudaban.

    - Cariño aquí no hay nada.
    - Sí, tienes que mirar bien. Aquí, mira.

Ángela aguzó la vista unos instantes y de repente vio algo. Un reflejo tras el cristal delataba la forma de unas gafas. Una vez identificadas las gafas, era fácil vislumbrar una sombra negra que dibujaba la figura de un hombre alto y muy delgado. Parecía estar totalmente de frente al objetivo, como si los mirara a través del cristal. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y, casi por instinto, se fijó en la foto que venía a continuación.

Era del interior de la habitación en la que se alojaron, en ella se veía a Javi encima de la cama jugando con Jesús. Esta vez, Ángela no tuvo que esperar a que su hijo se lo indicara. En el cristal del balcón se reflejaba la otra parte de la habitación y allí como un espectro, había un hombre alto y delgado, con gafas de cristal y un moreno pelo corto. Parecía estar mirándolos fijamente.

El pánico se apoderó de ella y por un momento, olvidó que su hijo estaba delante. Comenzó a pasar compulsivamente las páginas del álbum en busca de un error, de una escapatoria, de una explicación racional para aquello. Sin embargo, aquél hombre siempre estaba ahí, como una estatua omnipresente en forma de sombra, de reflejo o de transeúnte desenfocado. Y entonces, se dio cuenta. Fue como el crujir de una rama en su cerebro, cuyas astillas saltaron directamente al corazón en forma de punzadas afiladas.   

Ahora todo tenía sentido: las conversaciones individuales de su hijo y su extraña forma de confundir el "nos" con el "me", las sombras que le recordaban a su marido, las puertas que no se abrían del todo, la sensación de compañía... Aquel hombre siempre había estado y lo que era peor, estaba en ese mismo momento.

El microondas volvió a sonar. El postre estaba listo. Se levantó con la mirada perdida, caminando hacia la cocina como una autómata. No podía reaccionar, no sabía cómo. Con las manos temblorosas sacó el plato, lo dejó enfriar unos segundos, separó en brownie del bol que actuaba de molde y lo espolvoreó con el chocolate rallado. Tenía el cuerpo en tensión, la mente paralizada y los oídos atentos de un gato acorralado cuando lo troceó para servir. Le puso mermelada de frutos rojos, que sólo añadía a veces, y nata ligeramente montada por encima. Cuando regresó al salón, Javi ya no estaba.

 

FIN

3 comentarios
Evgar

UUuffff he sentido el escalofrío perfectamente!!!! qué suspense!! A dónde se ha ido Javi???? Es real o quizás Javi es Jesús?? O quizás Angela nunca tuvo un hijo?? Tal vez lo tuvo pero los perdió a ambos en el mismo accidente que justo hoy cumplía su quinto año, y ella... simplemente se había vuelto loca?? :O Podría tener a pesar de tener la palabra fin, otros tantos finales esta historia....

14 Junio 2014
CharySerrano

Desde luego intriga... y mucho y deja muchos interrogantes abiertos.

Recibí hace unos días las novelas con los productos y me tocó ésta.
Mañana haré la receta.

6 Enero 2015
Imagen de Demos la vuelta al día
Demos la vuelta al día

Hola CharySerrano, 

¡ qué bien ! :)

Seguro que te sale genial. No dudes en compartir con nosotros el resultado 

7 Enero 2015