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“Danzad, Danzad; dejad afinar vuestros cuerpos”

Aportación
26 Mayo 2015
Alejandro Merino
Alejandro Merino Arias
"Mi cocina está llena de sentimientos"
Jasone nos hizo comprender la importancia de aprender a controlar el espacio y la calidad de los movimientos, a conocernos más a nosotros mismos y estar en armonía con nuestro cuerpo.

Relajaos, respirad varias veces; separad las piernas, las chicas en línea con sus caderas y los chicos con sus hombros, las rodillas algo flexionadas, buscando aquella sensación como cuando nos ponemos descalzos sobre el césped húmedo. Voy a contaros una de las clases más desconcertantes y a la vez más movidas de toda la beca.

Para empezar, Jasone Alba no es cocinera pero ha trabajado tanto con ellos, como con personas del entorno culinario y gastronómico. Ella es Directora Artística de expresión corporal. Ahí es nada.

En verdad cuando comenzamos la clase pensábamos… “a ver que nos cuenta”; sinceramente no éramos conscientes de lo que se nos venía encima, de lo que íbamos a progresar y el cambio que íbamos a percibir en nosotros en nada más y nada menos que dos horas.

Jasone nos enseñó a afinar nuestro cuerpo desde los pies a la cabeza, afinar nuestra postura y nuestros sentidos. Después de conseguir que relajáramos tensiones nos invitó a hacer una actividad, debíamos cruzarnos aleatoriamente entre nosotros ocupando todos los huecos de la sala; nada menos que decir que la primera prueba fue un auténtico desastre.

A medida que repetíamos la prueba, Jasone nos iba sumando complejos datos, como andar solo en recto, mirar únicamente al frente, girar sobre nosotros mismos... Mientras hablaba nos acompañaba durante ese paseo con una peculiar música.

Conforme avanzaba la práctica y seguíamos las instrucciones de Jasone, íbamos evolucionando notablemente; nuestros movimientos comenzaban a ser más limpios y elegantes a la vez que fluidos, y sin ni siquiera darnos cuenta, de un momento a otro aquello pasó de ser una simple actividad a una danza digna de admirar.

Después de hacernos ser conscientes de nuestros cuerpos y ya con los sentidos afinados pasamos a otros “juegos” que ejercitaban tanto registros corporales mediante la expresión de nuestros rostros ante sentimientos diferentes –alegría, tristeza, rabia, enamoramiento- como lingüísticos; este último, en equipo pero de manera individual, forzando así a un tema de vital importancia: escuchar al compañero.

Para ello fuimos separados en grupos de cuatro. Todos los equipos salimos con los nervios a flor de piel para trabajar ese miedo escénico. Debíamos improvisar sobre un tema y escuchar a nuestros compañeros para elaborar una historia y explicaciones coherentes, nada fácil una vez eres el equipo al que le toca exponer ante las demás personas en el centro de la sala.

Jasone nos hizo comprender la importancia de aprender a controlar el espacio y la calidad de los movimientos, a conocernos más a nosotros mismos y estar en armonía con nuestro cuerpo.

“Cuanta mayor armonía hay en el gesto con el instrumento mejor es el sonido”

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