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Los errores de las abuelas en la cocina... ¡Sí, también se equivocan!

Reportaje
19 Noviembre 2015
Nuestras abuelas ponen mucho amor en la cocina... pero a veces también un poco de grasa de más, y sal, y harina, y sobrecocción. Repasamos los principales errores de las abuelas... aunque, como las queremos tanto, se lo perdonamos todo.

Nuestras abuelas ponen mucho amor en la cocina... pero a veces también un poco de grasa de más, y sal, y harina, y sobrecocción. Hoy repasamos los errores de las abuelasen la cocina... ¡Sí, también se equivocan!.

Está muy mal visto decir que una madre o una abuela no cocinan bien. Aunque sea verdad, es feo. Uno siempre acude a los sabores a de su infancia, y recuerda con verdadera emoción aquel plato que tan bien cocinaba su madre. Aunque muchas veces son recuerdos idealizados. Y no hay mejor receta que aquella que ha pasado de generación en generación. Y la mayor parte de los grandes chefs aseguran que sus estrellas Michelin se las deben a sus abuelas que fueron las que inculcaron en ellos la pasión por las fogones, y se enorgullecen al decir que las croquetas de sus madres le dan mil vueltas a cualquiera de sus platos.

Hasta que llegó Massimo Bottura y, en un instante, se lo cargó todo al lanzar esta cuestión: “¿Por qué reincidir en los errores de nuestras abuelas una y otra vez?”.

Incluso las mejores cocineras cometen errores. Y por mucho amor y cariño que pongan en los platos nuestras madres y nuestras abuelas (¡eso nadie lo cuestiona!)... también se equivocan. Estos son los principales errores en la cocina de nuestras abuelas:

Error de abuela n°1: Sobrecocción

Hay guisos tradicionales que requieren cocciones largas. Un cocido, una fabada, un rabo de toro estofado... necesitan horas de cocción. Emplear atajos como la olla a presión en estos casos suele dar un peor resultado. Eso de que un alimento se cocine ‘a su amor’ lo han acuñado, sin lugar a dudas, nuestras abuelas. Sin embargo, ellas suelen caer en el error de someter a largas cocciones todo lo que cocinan: desde unas legumbres, a un pollo en salsa, una carne... ¡incluso el pescado y las verduras!. El agua cuece a borbotones y las verduras siguen dentro hasta su casi desintegración... o el pescado sigue cocinándose sobre el sofrito mientras va perdiendo sabor, textura y forma. Hoy, sabemos que las cocciones largas son la mejor manera de que algunos alimentos pierdan sus nutrientes.

Error de abuela n°2: Abuso de la sal y el aceite

Generalmente  a nuestras abuelas se les suele ir la mano con la sal... Hay que pensar que antes, el uso de las especias no estaba tan generalizado como ahora. Sobre todo, porque muchas especias que hoy son comunes, antiguamente ni siquiera se conocían. Así, la única forma de dar intensidad de sabor a los platos y los guisos era la sal. De la misma forma, la cocina de nuestras abuelas peca de ser excesivamente grasienta. El aceite de oliva fue un lujo y a medida que se fue haciendo asequible... ellas lo utilizaban con generosidad. Y es muy sano... pero en su justa medida. La costumbre de escurrir el exceso de aceite de una fritura sobre un papel de cocina... no va con ellas.

Error de abuela n°3: Abuso de la harina

Antiguamente la harina era abundante y barata y, sobre todo,  era el único ingrediente conocido para espesar un guiso, para amalgamar, para dar cuerpo. Con la harina... nuestras abuelas eran capaces de hacer magia. Hoy en día existe cientos de posibilidades más ligeras para hacer rebozados, para espesar un guiso. Pero ellas siguen fieles a la harina... de la que abusan.

Error de abuela n°4: A, B, C

Otro de los pecados capitales de nuestras abuelas es que su recetario suele ser limitado. Antes las mujeres cocinaban los platos que conocían, los que les habían enseñado sus madres... y muy pocas veces investigaban o se lanzaban a preparar cosas nuevas. Hoy en día hay infinidad de libros, programas de televisión y aplicaciones para ampliar nuestro recetario... pero ellas, las abuelas, siguen en sus recetas de siempre.

Error de abuela n°5: Poco ligeras… y grandes cantidades

Ir a comer a casa de la abuela es consustancial a encontrarse con un plato lleno de comida: montañas de comida grandes como el mismísimo Everest haciendo equilibrio para mantenerse dentro del plato. Porque para nuestras abuelas... ¡siempre estamos delgados!, y siempre hay lugar para repetir.

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