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Errores imperdonables a la hora de comer

Reportaje
25 Diciembre 2015
La obesidad no solo se esconde detrás de lo que comes (grasa, azúcar...). También lo hace detrás de algunos gestos cotidianos relacionados con nuestras costumbres y forma de comer. ¡Evítalos!

Llegar cansado del trabajo e ir directamente a la nevera a ‘ver que pillas’, saltarte el desayuno por las mañanas, picotear entre horas, comer frente al televisión en casa o frente a la pantalla en el teclado, con un buen refresco al lado... son errores que puedes pagar caro... en forma de obesidad. Estos son los principales errores imperdonables a la hora de comer

Saltarse el desayuno

¿Cuántas veces hemos escuchado como un mantra eso de que ‘el desayuno es la comida más importante del día’? Seguro que cientos. Aun sí, el desayuno sigue siendo el gran olvidado de nuestra dieta. Salir con prisas hacia el trabajo, apurar en la cama los consabidos ‘5 minutitos más’, es la tónica habitual. Mucha gente apenas se toma un café bebido rápido y listo... pero hay quienes ni siquiera eso. ¡Gran error!. Sin un buen desayuno, el cerebro no funcionará a pleno rendimiento en las horas en las que más lo necesitas: la mañana, hora de trabajo o de clases.

Picotear entre horas

Es normal que un error lleve a otro... si no has desayunado correctamente, lo más probable es que no aguantes hasta la hora de comer y termines picoteando. Cuando esto ocurre, lo más probable es que la ansiedad te lleve a asaltar la máquina de chucherías, patatas fritas, snacks y bollería industrial... como si no hubiera un mañana. De nuevo... ¡error!.  Da igual las buenas intenciones que tengas antes de comenzar el día... el hambre es voraz y despierta a tu peor enemigo: la ansiedad. Cuando te quieres dar cuenta, ya es demasiado tarde... ya te has comido esa bolsa de gusanitos, o ese sándwich de máquina rebosante de mayonesa.

Como delante de la tele

A última hora del día... después del cansancio acumulado, lo que más apetece es ponerse cómodo en el sofá y tomar la cena viendo tu programa favorito o una película. Craso error. Está demostrado que cuando uno come viendo la televisión está más pendiente de ésta última que de la comida. Ni se saborea bien la comida, ni se mastica adecuadamente... y, por si esto fuera poco, se come mucho más. El cerebro no escucha las señales de saciedad del cuerpo... solo tiene ojos para la película, o serie, o show.

Refrescos para comer

¿Eres consciente de la cantidad de azúcares que tienen los refrescos? Si los tomas a diario, para acompañar tus comidas y cenas... seguramente no. Tampoco queremos pasarnos de sanos... no se trata de que los destierres para siempre. Por supuesto que puedes tomar refrescos... de naranja, limón, cola o los que más te gusten. Pero cada cosa tiene su momento, y a la hora de comer, la mejor opción es el agua.

En un restaurante... siempre lo más calórico

Es un curioso fenómeno: personas que cuando están en su casa toman de postre una pieza de fruta... y cuando comen en un restaurante, un menú del día, por ejemplo... son incapaces de pedir fruta. Siempre optan por un postre elaborado: tarta, flan, natillas, bizchocho o pudin. Da igual. Y lo mismo podríamos decir con las guarniciones e incluso con los platos principales. 

Nos movemos en el terreno de la psicología. Comer fuera de casa nos hace pensar que podemos comer de forma excepcional... y así puede ser si reservas en un buen restaurante la noche del sábado con tu pareja... el problema llega cuando tu cerebro lo interpreta igual, y comes a diario fuera de casa por motivos de trabajo. Por otro lado, cuando pagas por un menú, tiendes invariablemente a comer más cantidad, y a pedir aquellos platos más elaborado y calóricos. Cuando estés frente a la carta de un restaurante, y antes de pedir, párate a pensar y pregúntate: ¿es esto lo que comería en casa?

¿Un mal día?... un buen atracón lo cura todo

¿Has tenido mal día? ¿te ha salido todo mal? ¿estás estresado? ¿te ha caído algún marrón encima o has discutido con alguien? Cuando el estrés y los problemas –sean de la índole que sean- se acumulan... lo más probable es que una vieja amiga vuelva a hacer acto de aparición: la ansiedad. Y con ella, el picoteo entre horas, la necesidad de comer dulce, y el comer mucho más de lo que necesitas. 

Es complicado... pero intenta aplacar esta ansiedad comiendo, por ejemplo, una manzana. Y si lo que te pide el cuerpo es algo dulce... intenta tomar un poco de chocolate negro, que activa la hormona de la felicidad y te calmará. Pero eso sí, no saque la tableta entera, sino uno, dos, o un máximo de tres onzas... o correrás el riesgo de acabar con ella.

Trabajar... comiendo

Tu alimentación es importante, así que dedícale el tiempo que se merece. Y por mucho trabajo que tengas acumulado, seguro que puedes parar, aunque sean 30 minutos escasos para comer tranquilamente, alejado de la pantalla del ordenador.

Cine y palomitas, inseparables

¿No eres capaz de ver una película si no es con un bol enorme de palomitas encima? Es hora de superar ese complejo de Peter Pan, crecer, y dejar atrás algunas costumbres. No te decimos que de vez en cuando no compres palomitas cuando vayas al cine, o que de vez en cuando las prepares en casa... pero sí te decimos que no lo hagas siempre y, sobre todo, que no queden asociados: palomitas y cine. Y en cualquier caso... prueba a hacerlas caseras.

No sabes decir NO

Hay personas de lo más disciplinadas con su alimentación... a la hora de hacer la compra, a la hora de cocina, a la hora de programar sus comidas semanales. Hasta que llega un compañero de trabajo y saca una bandeja de saladitos para celebrar su cumpleaños. Entonces... te comes la mitad. Da igual que sea un compañero de trabajo, de clases, un amigo, un familiar o un vecino. Y da igual que ofrezcan saladitos, bombones, sándwiches o pedazos de brownie... tú, te los comes todos. Comer un poquito por cortesía, vale... pero es que tú te pasas.

El diagnóstico es sencillo: perteneces a ese grupo de personas incapaces de decir que no a cualquier cosa que se coma. Solo se cura de una forma: repite mentalmente: no gracias, no gracias, no gracias, no gracias... La primera vez te costará muchísimo, y la segunda y la tercera. Después, ya irá siendo más sencillo: no me apetece en este momento, gracias de todas formas.

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