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5 objetos indispensables en la cocina

Reportaje
18 Febrero 2019
Puede que sólo nos suenen de programas de la tele o puede que tengamos los armarios a rebosar de cacharros; sea como sea, hay unos cuantos clásicos que sí que no nos pueden faltar.

Ollas de cocción lenta, envasadoras al vacío, espiralizadores, roners… la tecnología nos ha provisto de un sinfín de utensilios culinarios dedicados a mejorar y sofisticar lo máximo posible la textura y el sabor de los ingredientes. 

Los utensilios de cocina más antiguos responden a las necesidades culinarias más básicas: rallar, mezclar, moler… Aprender sus usos y cómo manejarlos correctamente es básico, y es sorprendente constatar que algunos llevan con nosotros casi desde los comienzos de la Humanidad.

Rallador

Pese a que en la actualidad el rallador tiene numerosas variantes para adaptarse a muchos tipos de ingredientes, el rallador original fue el rallador de queso, inventado por el cocinero francés François Boullier. Como cualquier invento, surgió de la necesidad: a mediados del siglo XVI, una enfermedad empezó a estropear la carne, con lo que los ganaderos se concentraron en los productos lácteos. Esto provocó un aumento considerable en el suministro de queso, que se vivió como un problema porque había demasiado para darle salida (incomprensible, ¿verdad?). El rallador surgió entonces como respuesta para ampliar sus usos culinarios.

El rallador es un instrumento versátil que con el tiempo se ha adaptado a diferentes usos. Los más finos son ideales para hacer ralladura de piel de cítricos así como para algunas especias como la nuez moscada. El doble permite trabajar con ingredientes de dureza media, que se chafarían con un rallador fino. El grueso ofrece un resultado más grueso, valga la redundancia; y permite trabajar incluso con alimentos blandos.

Varillas y evolución a batidora

Las varillas son uno de los instrumentos culinarios que más evolución ha tenido desde sus inicios. Desde que, en algún momento del pasado, alguien descubriera que los alimentos se mezclaban mejor ayudándose de un puñado de ramitas dobladas hasta que llegamos a las batidoras modernas, han pasado muchas cosas. Entre ellas, pasar de la varilla de madera (se usaban maderas de frutales para ayudar a aromatizar las preparaciones) a la de alambre a mediados del siglo XIX, la introducción del batidor de varillas a manivela con la Revolución Industrial, la aparición de la primera batidora de varillas que funcionaba con electricidad en 1885 o la aparición del precedente del vaso batidor actual, en 1922.

Pese a toda la tecnología incorporada, las varillas manuales tradicionales también siguen con nosotros y la chef televisiva Julia Child se encargó de popularizarlas a mediados del siglo XX. Para las preparaciones más pesadas, como montar nata o huevos o emulsionar salsas, lo más recomendable es tirar de electricidad; pero para hacer una bechamel perfecta o airear la masa de un bizcocho, la varilla manual es imprescindible.

Almirez/mortero

Hay restos arqueológicos que demuestran que el ser humano ya machacaba alimentos hace más de treinta mil años. Mezclar ingredientes molidos con agua facilitaba su consumo y digestión, y posteriormente sería el origen de un alimento tan básico para la supervivencia como el pan. Para trabajarlos se empleaban instrumentos rudimentarios que darían lugar posteriormente a los primeros morteros.

La palabra “mortero” viene del latín y “almirez” del árabe, pero esencialmente se refieren al mismo útil de cocina; la única diferencia es que el almirez suele ser de material metálico, lo que en algunas áreas geográficas también lo ha transformado en un instrumento musical. Su estructura no ha evolucionado apenas nada en muchos siglos, al contrario que otros compañeros de alacena que sí han incorporado avances como la electricidad; pero es cierto que, por mucho que se avance tecnológicamente, hay texturas que sólo se consiguen con un buen mortero y una dosis de paciencia para darle al brazo.

Chino/colador

Los orígenes del colador se pierden un poco en la Historia, pero se cree que surge en Constantinopla cuando cae el Imperio Romano y que sus primeros usos fueron separar las hojas y hierbas del agua en las infusiones. Probablemente estuviera construido con ramitas o hierba tejida antes de adquirir su estructura característica de semiesfera hecha con alambres metálicos.

Una variedad de colador muy apreciada en cocina es el chino, un colador de forma cónica hecho de metal que sirve para colar cremas y salsas cómodamente y con un mínimo de desperdicio. Pero para pastas, verduras y arroces recién cocidos, el colador de toda la vida sigue siendo un imprescindible.

Olla exprés

Hay inventos que no proporcionan ninguna novedad a nivel culinario pero sí facilitan muchísimo la vida a las personas que cocinan; la olla exprés es uno de ellos. Reducir drásticamente los tiempos de cocción para guisos, caldos y potajes fue un avance extraordinario que ha permitido optimizar las tareas en las cocinas profesionales y proporcionar libertad en las domésticas sin empeorar los resultados.

La olla exprés, u olla a presión, se origina en los laboratorios de unos científicos de la Ilustración que investigaban sobre la presión y el vacío. Dio la afortunada casualidad de que, además, eran unos gourmets; de modo que encaminaron sus experimentos hacia lo culinario. A partir de ahí, fueron surgiendo nuevas versiones, cada vez más seguras, a lo largo de los siglos hasta que empezaron a popularizarse a partir de los años 40 y pocos son los hogares que no cuentan con una.

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