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"Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes"

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9 Marzo 2015
Era una de esas oportunidades que sólo pasan una vez, o quizás dos, en la vida, tenía que confiar en mi y darlo todo. Era la oportunidad de poderme dedicar profesionalmente a lo que llevo esperando y persiguiendo hace bastantes años.

Todo empezó hace apenas unos meses, cuando me enteré, a través de las redes sociales, de la segunda convocatoria de la iniciativa Demos la Vuelta al Día, organizada por el Grupo DIA, consistente en un campeonato de cocina creado demostrar que la compra del día a día no está reunida con la alta cocina.

Participar en el campeonato era simple, tan sólo eran necesarias cuatro cosas, hacer acopio de valor, disponer de una cámara, mandar una vídeo receta hecha con productos DIA y, por supuesto, amor y pasión por la cocina.

Tomar la decisión de participar no me llevo mucho más de tres horas. ¡Era la oportunidad que llevaba años esperando! Estaba en juego, ni más ni menos, que poder formarme con una beca de cinco meses con algunos de los mejores profesionales en comunicación, imagen y cocina.

Era una de esas oportunidades que sólo pasan una vez, o quizás dos, en la vida, tenía que confiar en mi y darlo todo. Era la oportunidad de poderme dedicar profesionalmente a lo que llevo esperando y persiguiendo hace bastantes años.

Casi no me lo podía creer cuando recibí una llamada comunicándome que estaba entre los veinticuatro semifinalistas ¡Estaba dentro del campeonato! Ahora si, tendría que demostrar realmente lo que valía, como diría el Maestro Yoda: "Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes", así que sin parecer pretencioso, egocéntrico o un mero iluso...tenía que ganar, a costa de todo, no quedaba otra opción. Hagas lo que hagas, te dediques a lo que te dediques, darlo todo es esencial. Hazlo y, hazlo bien, sino mejor no te dediques. Estas palabras quizás pueden sonar algo duras pero para mí es mas dura la espina que te puede quedar clavada el resto de tu vida si haces algo no habiendo dado lo mejor de ti, pudiendo haber hecho más al respecto.

Por fin llegó el gran día de la final, un tranquilo y apacible sábado 28 de febrero. Para algunos, una mañana soleada y serena ideal para salir a pasear o no hacer nada; una mañana para relajarse y olvidarse de la rutina diaria; una mañana para dormir o salir a tomar algo en la terraza de un bar, pero que para veinticuatro personas, en especial para los doce finalistas, sería un día inolvidable, un día que marcó un antes y un después. Un día que nos dio la vuelta a la vida de muchos de nosotros.

Estaba más tranquilo de lo que cabría esperar, confiaba en mi y en lo que había venido a hacer, tan sólo tenía que hacer lo que mejor se me daba: cocinar. Tenía que plasmar en un plato mi voluntad de obtener esa beca, mi pasión y dedicación por la cocina. La vida pasa demasiado rápido como para tener miedo. Aunque suene totalmente a tópico: si quieres algo, ve a por ello y arriésgate si hace falta. Estaba tenso y nervioso, como es lógico, pero tenía muy claro lo que había venido a hacer.

Todo el trabajo de reflexión mental y auto convencimiento lo tenía hecho, estaba preparado para cualquier cosa, si me clasificaba significaba el primer paso para empezar a materializar mis aspiraciones en la vida. Si no...volvería a casa satisfecho con lo realizado y lo más importante, sin esa espina clavada de que podría haberlo hecho mejor.

Llegó el momento de nombrar a los doce finalistas, la tensión se podía palpar en el ambiente. En aquel momento no piensas en otra cosa más que en que te nombren, y el público no piensa en otra cosa más que en que nombren a los suyos. Los nervios los tenía concentrados en especial en el estómago produciéndome un dolor intenso similar al producido por una ráfaga de puñetazos -y eso que nunca he recibido una ráfaga de puñetazos en el estómago, por suerte-

Sonó mi nombre. Al final todo el esfuerzo, perseverar y confiar había dado su fruto, estaba entre los doce becados y lo mejor todavía estaba por empezar. El dolor en el estómago perseveraba pero la lápida que me había autoimpuesto con exigencia, tensión y nervios había desaparecido y empezaba a vislumbrar ante mí, sin lugar a dudas, una de las mejores oportunidades que se me han planteado en la vida.

Si tuviese que haber convencido al jurado con una frase para poder ser uno de los doce becados no podría haberlo hecho, de hecho sigo sin poder hacerlo. Al final, según dicen, una imagen vale más que mil palabras y, en especial, un plato con una elaboración culinaria lleva impresos sentimientos, emociones y palabras que creo que demuestran más como es un cocinero y lo que pretende expresar.

Tan sólo me falta agradecer a todo el grupo que se esconde detrás de la iniciativa Demos la Vuelta al Día, entre los que se encuentran grandes profesionales realmente involucrados con su trabajo que consiguen no sólo dar la vuelta al día sino dar directamente la vuelta a la vida.

También quiero agradecer el apoyo de familiares, amigos y todos los que me han brindado su apoyo y me han dado ánimos para conseguir aquello que realmente quiero.

Ya sólo me falta dar mis más sinceras felicitaciones a mis compañeros con los que seguiré concursando, luchando y compitiendo hasta junio, que se disputará la gran final y, que tan sólo uno, podrá disfrutar de lo que supone quedar finalista pero con los que también espero poder compartir, aprender y sobretodo disfrutar de lo que es nuestra mayor pasión, la cocina.

Jordi Solanas Beltrán

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