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TIRAMISÚ AL AROMA DE MANDRÁGORA

de Mónica Parra
Nueva receta
1 Agosto 2014

Lilliam, una bruja moderna, sabe adaptarse a los nuevos tiempos: utiliza las redes sociales para organizar los aquelarres, compra los ingredientes para sus pócimas por Internet o consulta su recetario en edición digital. Sin embargo, sufre el mismo problema que las demás: los hombres.

En cuanto descubren su “faceta especial”, huyen despavoridos. Como aquel abogado francés que bajó a la bodega en busca de un buen vino para el pescado y regresó con ojos desencajados, pues a ella se le había olvidado hablarle de la colonia de murciélagos. Por eso, porque se trataba de una cuestión antigua, pero ella era una bruja del siglo XXI, había decidido agasajar a su cita de esa noche, un deportista de ojos claros y piel oscura, con un postre actual acompañado de un toque tradicional.

—Tomaré sólo un poco, comprenderás que debo cuidarme —se excusó él con coquetería.

—Será suficiente —musitó ella

 —¿Perdón?

—He dicho que no me sorprende —y con su mejor sonrisa de anfitriona le sirvió una porción de un delicioso tiramisú.

El hombre asió su cucharilla y comenzó a degustar aquella perfecta conjunción de sabores formada por la dulce crema de mascarpone, el aromático licor que empapaba los bizcochos de soletilla y la amarga cobertura final del cacao.

—Muy bueno —alabó.

Lilliam asintió complacida, invitándolo a continuar. Y él, alentado por las magníficas perspectivas de la noche, tomó sucesivas cucharadas, y con cada una de ellas, una pizca de raíz de mandrágora alcanzaba su corazón y lo abrazaba con fuerza, y su dueño se sentía más ligero y relajado, sin prisa alguna por volver a ningún otro lugar, sin recuerdos de su vida anterior, dispuesto a quedarse para siempre.

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