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Salmón a contracorriente

de Lina Moll
Nueva receta
8 Agosto 2014

Cuando Celestina llegó al portal de la casa de Virtudes, le extrañó no reconocer ningún olor apetitoso detrás de esa puerta. Virtudes no era solo la soltera empedernida de la pandilla, sino también la que mejor mano tenía en la cocina. Sin duda, su habilidad para elaborar recetas era la mayor virtud de Virtudes.

Tras sonar el timbre, Virtudes se asomó a la mirilla. Al cerciorarse de que su amiga Celestina era la que estaba al otro lado, le abrió la puerta, recibiéndola con un caluroso abrazo y envuelta en una toalla

 - ¿Pero todavía estás así? Dentro de media hora tenemos que estar en casa de Gustavo y tú no estás ni vestida…

- Hola Celestina. Yo también me alegro de verte y esas cosas que se suelen decir…

- Virtudes, no hay tiempo que perder. Vístete, ponte guapa, y coge lo que hayas hecho de comer. Ya verás como dejas a Gustavo con la boca abierta. Bueno… al menos llena, ¡jajajaja!

- Mira que eres burra, Celestina. Todavía no he decidido ni qué ponerme. Valiente el día en que acepté tu propuesta para esta estúpida cita. Pero tú erre que erre, que tenía que conocer a Gustavo y que si le tenía que dar una buena impresión con una de mis recetas. Por cierto, el horno estará a punto de pitar. Échale un vistazo, anda, mientras me pongo cualquier cosa. Total, Gustavo no se fijará en mí, se fijará en la comida, que seguro le resulta mucho más apetecible que yo.

- ¡Anda no seas tonta, Virtudes! Tú eres mucho más que una gran cocinera. Corre a vestirte que yo voy a ver qué se cuece, nunca mejor dicho. ¿Qué has preparado? ¡Yo no huelo a nada!

Pero Virtudes no la podía oír. Estaba en su habitación, rebuscando en el armario e intentando averiguar qué debía ponerse para esa ocasión: una comida informal entre amigos, en casa de un chico al que su amiga Celestina le quería presentar y al cual debía impresionar. Mientras tanto, Celestina se había metido en la cocina, con la idea de controlar el tiempo y la cocción de la receta de Virtudes.

Se asomó al horno, y pudo ver algo en su interior. Parecía carne, pero se veía cruda. Abrió la fría puerta del horno, lo que confirmó sus sospechas…

- ¡Virtudes! ¿Qué es esto? La carne está… cruda.

- ¡Le faltará aún un poco! Espera que me abrocho el vestido y voy a ver .

Cuando Virtudes llegó a la cocina, Celestina comprobó lo guapa que estaba su amiga con ese vestido. Y Virtudes, lo cruda que estaba la carne.

- No lo entiendo… ¡Debería estar ya lista! La dejé hace un buen rato en el horno, mientras decidía qué ponerme.

Tras comprobar el electrodoméstico y el cableado, y tras una visita al cuadro de luces, se percató que habían saltado los plomos y que no había luz en toda la casa.

- Virtudes, creo que hace ya un ratito que se ha ido la luz. El horno está casi tan frío como el pollo…

 - ¡Qué mala suerte la mía! ¿Y qué voy a hacer ahora con esto? No me puedo presentar con un pollo crudo en casa de Gustavo. Quedaría como una tonta…

- No seas negativa, Virtudes. Al menos has podido asearte y secarte el pelo. Viendo lo guapa que estás seguro que nadie se acuerda de que tenías que llevar algo de comer.

- No, no, no…No pienso presentarme en casa de Gustavo sin nada de comida.

Virtudes y Celestina llegaron a la conclusión de que, descartada la opción de llevar comida ya preparada de algún establecimiento, buscarían la solución en la nevera y la despensa. ¿Por qué cocinar si se podía preparar algo resultón sin necesidad de electricidad?

En la nevera de Virtudes había, entre otras cosas: una lechuga, un paquete de salmón noruego ahumado, una cebolleta, tres tomates, un bote de mayonesa y un bote de aceitunas.

En la alacena: pan de molde sin corteza y un botecito de eneldo.

Virtudes recolectó todos estos ingredientes y se puso manos a la obra. Celestina la miraba atenta, curiosa por ver qué hacía con esos pocos elementos y en tan poco tiempo.

- Celestina, no te quedes pasmada y ayúdame, anda. Saca del armario ese recipiente de cristal rectangular, el que tiene como 4 dedos de altura.

Celestina siguió las indicaciones de su amiga que, mientras tanto, ya se había puesto a pelar los tomates, quitarles las pepitas y cortarlos en daditos.

- Ponte este delantal, Virtudes. Con lo que te ha costado decidirte y lo elegante que estás, no te vayas a presentar con el vestido manchado.

Virtudes, tras cortar los tomates, se puso el delantal y prosiguió con la receta exprés. Tenía poco tiempo y no podía usar ningún electrodoméstico. Debía sacarse algo de la manga, en poco tiempo y que además fuera resultón. Mientras Virtudes siguió usando el cuchillo, esta vez para cortar en trocitos pequeños la cebolleta, su amiga Celestina se puso a cortar en trozos el salmón. Ya venía en lonchas, por lo que solo debía separarlas y partirlas en tres o cuatro trozos.

- En qué momento acepté tu propuesta, Celestina.

- Mira, Virtudes, esto de la soltería está muy bien. Pero poder compartir la comida con alguien especial es también muy gratificante, ¿sabes?

- Pues claro que lo sé. Por eso cocino para vosotros: para mis amigas y amigos.

- Ya, ya… pero un novio te vendría muy bien. Alguien con quien compartir fresas y chocolate, ya sabes…

- ¡Celestina! Ay, qué boba eres.

Las dos no pudieron evitar reírse a carcajadas. Virtudes sabía que Celestina quería lo mejor para ella, y solo quería ayudarla. Desde luego que ella tenía muchas ganas de conocer a alguien especial, solo que intentaba que no se le notara. Cocinar para uno no era tan gratificante, y ella necesitaba alguien con quien poder hablar, y no solo de cómo estaba la comida, claro.

- Ya verás como te gusta Gustavo. Es un encanto. Virtudes, ¿por qué te lavas otra vez las manos? Ya lo has hecho antes de empezar la receta.

- No me estoy lavando las manos, solo me las estoy enjuagando. Pásame el rollo de papel transparente, que lo voy a poner en el recipiente de cristal. Así, con las manos mojadas, me será más fácil pegarlo al fondo y en los laterales. Así, ¿ves? Y dejando plástico sobrante por los lados. Ahora verás por qué. Pon un poco de eneldo espolvoreado en la base del recipiente, sobre el film.

Tras esa operación, Virtudes colocó unas tiras anchas de salmón y las repartió por toda la base. A continuación, encima, unas rebanadas de pan de molde sin corteza. Encajaban dos a la perfección una al lado de la otra. Con el resto del salmón, Celestina hizo trozos aún más pequeños, y los puso tal y como le indicó Virtudes en un plato hondo, junto a la cebolleta y a los tomates que habían reservado anteriormente. Celestina pensó que un huevo duro también le hubiera venido bien a la mezcla, pero por desgracia no podían poner a hervir nada. Así que mezcló bien todo lo que había en el plato, añadiéndole poquito a poco algo de mayonesa, hasta formar una pasta uniforme.

- ¿Esto tiene que ir encima del pan?

- Sí, ponlo con cuidado, repartido bien sobre las dos rebanadas, y luego le pones dos rebanadas más encima.

- ¿Y no le pongo la lechuga?

- No, no…la lechuga se la pondremos después, para que no se mezcle con la mayonesa y se quede pocha. Tú pon la mezcla, y otras dos rebanadas encima. Ahora sigo yo.

Virtudes cortó la lechuga en juliana, en trozos muy finitos, y la dispuso sobre las otras dos rebanadas de pan de molde. Y encima de la lechuga, las últimas dos rebanadas de pan. Cogió los extremos del papel film, los llevó hacia adentro, haciendo una ligera presión. Cogió un paquete de arroz sin abrir que tenía en la despensa, y lo puso encima del plástico de esa especie de pastel.

. - Así el peso ayudará a que se asiente bien… Unos minutitos y me acabo de arreglar.

Cuando al rato volvió Virtudes, ahora ya maquillada y perfumada, Celestina no pudo hacer otra cosa que alabar su aspecto.

- ¡Fíjate! ¡Pero si estás estupenda! Con un ratito de nada ya pareces otra. En poco tiempo lo que has conseguido…

- Ponerme mínimamente presentable…¡ y aún me ha sobrado tiempo para preparar la comida!

Volvieron a la cocina, donde ya quitaron el paquete de arroz que hacía presión sobre lo que bautizaron como pastel de salmón. Pusieron encima un plato grande, y Virtudes le dio la vuelta. Al quitarle el plástico, tenían ante sus ojos un bonito pastel de salmón, perfectamente rectangular y de muy buen aspecto.

- Ahora le pongo alrededor del plato el sobrante de la lechuga y algunas aceitunas, y listo.

Contentas y aliviadas por haber salvado la situación a tiempo, se dirigieron las dos amigas hacia la casa de Gustavo, que estaba en el otro extremo de la ciudad. Pese a todo, llegaron a tiempo.

- Gustavo, te presento a mi amiga Virtudes.- dijo Celestina al llegar a la casa del anfitrión.

Virtudes se sonrojó, mientras le daba dos besos en la mejilla a Gustavo.

- Vaya, qué ganas tenía de conocerte. Me han hablado maravillas de ti…

- Ya, ya… sobre mi cocina, ¿no?

- No fue precisamente eso lo que me llamó la atención de ti, sino muchas otras cosas. Pero ya tendremos tiempo durante la comida para hablar de ello. Hablando de comer, el pollo que he preparado estará casi a punto. ¿Qué has traído tú?

Celestina y Virtudes se miraron y sonrieron al escuchar que lo que había preparado Gustavo para sus invitados era pollo. ¡No hay mal que por bien no venga!, debieron pensar las dos.

- Yo he traído…un pastel de salmón. Toma, ponlo mejor en la nevera un ratito.

- Vaya, el pastel tiene también muy buena pinta...

- ¿También? ¿A qué te…?

- Nada, nada…cosas mías. Lástima que sea alérgico al salmón.

Virtudes se quedó paralizada, sin saber qué hacer ni decir.

- ¿Qué tú…alérgico? Perdona, Gustavo. Yo no sabía que…que tú… el salmón…

 - ¡Tranquila! Es broma. No puedo evitar bromear de vez en cuando. Ya me irás conociendo con el tiempo. Vamos, sí tú quieres.

- Claro, claro. Sí quiero…conocerte.

- Ven, que voy a presentarte al resto de mis amigos. Hoy, tu plato y tú seréis las estrellas de la fiesta, ya lo verás. Tu plato será la Michelin. Y tú… la que más brille.

 

 

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1 comentarios
Gabriel177

La receta bien, pero la trama del relato es demasiado simple. No obstante, buena suerte en el concurso!

16 Agosto 2014