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PATATA DE TORTILLA

Pasa las páginas de la receta novelada para saber cómo puedes participar en nuestro concurso
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Queremos que aúnes tus dos pasiones: la lectura y la cocina y, para ello, hemos creado un pack exclusivo de 6 Recetas Noveladas 

Una Receta Novelada es una receta explicada dentro de un relato. En ella, los tiempos de preparación de la propia receta coinciden con los tiempos de lectura de una interesante historia.

En nuestro concurso de Recetas Noveladas  puedes elegir si prefieres crear una receta novelada desde cero, en cuyo caso no es necesario que leas el texto de la siguiente página, o si quieres continuar la receta novelada que te proponemos. En este último caso, sí que deberás de leértelo para poder continuarlo :)

Una vez que decidas de qué forma prefieres participar, señálalo abajo de esta misma página para poder continuar con tu participación vía web o desde Twitter :) 

"Una vez empezó a hervir el aceite…”

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Continuación

de Carmelo Alonso
Continuación
6 Septiembre 2014

Patata de tortilla con mucha sal y escurrida de su aceite. Yo las pongo a veces para merendar. Hago una buena sartenada y reservo la mitad para cenar. A la cena ya las pongo el huevo y hago la tortilla. Pero tu quieres las sopas de ajo, verdad?

-Si señora.

-Pues es sencilla, pero también difícil. Las sopas de ajo, o de pan, son cosa seria. No te pueden dar gato por liebre. Ves anuncio de la fabada de bote en el pueblo? Pues con las sopas de ajo no te pasa. Ni el Día ni el Espar tienen botes de sopas en lata, ni congeladas, oye. Que ahora todo lo tienen congelado. Pues las sopas de ajo siempre tienen cerca la mano que las ha hecho.

-Si?

-Claro. Mi difunto las tomaba para comer los jueves y cenar los sábados. Aunque tu querías la receta.

-Eso es, la receta.

-A mi difunto le gustaban calientes, casi quemando. Yo así no las aguanto. Si. Al tema, verdad hijo? Pues se principia con los ajos, cuatro o cinco dientes. A mi me gusta tener las cabezas separada en sus hijos porque enmohecen menos. Cuatro o cinco ajos, quitando el germen y cortados así, transversal, al aceite caliente. Si es de oliva virgen, mejor. Yo siempre tengo aceite de oliva virgen en casa. Una garrafa de cinco litros, o dos. Con una cuchara de madera les mueves hasta que estén tan doraditos como una artista. Jamón, desgarrado. Lo juntas con los ajos. Que se fría bien. Se saca del fuego y se deja reposar antes de poner el pimentón rojo. Qué cosa! no va a ser verde el pimentón. Verdes son los pimientos, pero no el pimentón, por qué? Vaya usted a saber. Cortas el pan en rebanadas y lo echas. Lo echas sin hache. Eso lo aprendí yo en la escuela, mira si me acuerdo. Una iba con las amigas, lo normal, entonces no teníamos novio. Yo nunca fui mucho de novios, pero alguno me eché. También sin hache, mira. Al echar lo primero que echas es la hache, así no se olvida nunca.

-Bien por la ortografía, pero...

-Si, al lío, bien. No, el pimentón se echa después del pan, de la mitad del pan. Antes del pimentón hay que poner el pan, la mitad. La otra mitad se deja sin poner. Una mitad se fríe, la otra no. Todo se recuerda más cuando va rimado o en frases echas. Como el Padrenuestro o el Jesusito de mi vida. A mi nunca se me han olvidado. Ya voy para noventa y siempre, siempre, me acuerdo de todo. Y las canciones. Todo. Que tengo yo una memoria de mucho privilegio. El caldo ahora. Si no hay caldo, agua con vino. Si no hay vino, no hay alegría. Donde hay pelo hay alegría. A pelo y pluma se decía antes. Mi marido era sólo de pluma. Los animalicos le daban lástima. Ya le decía yo: mucha lástima no te darán, con los filetes que te comes. “No es lo mismo, mujer”, decía él -“no es lo mismo”.

-Pues más pena debían darte los filetes, que bien caros que son, le decía yo.

-Pelo? Pluma? Qué tiene eso que ver con la receta, María?

-Con la receta no, pero venía a cuenta de mi finado. Mi marido, quiero decir. Salía con la cuadrilla a cazar los jueves y los domingos. En la media veda, la chochaperdiz, que también le dicen la cogujada, y la codorniz. Pero en veda, no gastaba un cartucho al pelo, a los animales de pelo quiere decirse. La codorniz se la ponía en escabeche para que la disfrutase la semana entera, hasta volver a cazarlas. Yo le decía que el gusto le cebaba el ansia de cazar, pero lo cierto es que cazaba con las mismas ganas al inicio de la temporada, con el gusto olvidado, que si comía pájaros para desayunar. Lo importante no es cazar, sino querer cazar, eso decía siempre.

El otro día, Mariano, que es ilustrado, me enseñó un libro donde un jinete decía algo parecida: Lo importante no es ganar, sino querer ganar. Para mi que el sentido es el mismo, pero mi Gustavo murió sin saber leer, como para dejar escrita su obra en libros. La letra con sangre entra, pero a él no le entraba ni a tiros, que alguno estuvo a punto de darle su señor padre, mi suegro, que en paz descanse. Se llamaba Matías, tuvo trece hijos como trece soles y a cada uno de los que iban viniendo, le ponía más en vereda, vamos que a cada nuevo hijo le zurraba más aún. Pues Gustavo fue el duodécimo, así que llevó buena carga. Duodécimo de los hijos y murió de cáncer de duodeno. El se quejaba: qué tendrá contra mi el dúo? El dúo dinámico le decía su compañero el mes entero que pasó en el hospital. A él le dieron el alta antes de sacar al Matías con los pies para adelante. Pues estuvo, con la venda y apoyado en el bastón, en el funeral. Estuvo amable, buscando aprovechar la herencia. En menos de dos semanas estaban igualados: muerto también. Yo a su misa no fui, vaya tío asqueroso. Por doce días le ganó mi marido. Me lo imagino riéndose las muelas pensando en el doceavo día. “Duoceavo” le dirá, dándole en el cogote por listo. María deja el tiempo en blanco, sin decir nada. Se va hacia atrás, rebobinando su propia vida y la de sus circunstancias. Se toca el doble anillo de viuda y gira el interior, que es más grande. Despierta de sus recuerdos y la expresión le vuelve al rostro.

-Hijo, qué de tiempo ya. Si has echado el caldo, el agua con vino o el agua sola, hay que bajar el fuego y añadir el pan crudo. Bajar el fuego se dice pronto con las cocinas de gas y las de ahora, pero cuando cocinas con una bilbaína, eso es otro cantar. Hay que retirar la cazuela del fuego al añadir el pimentón porque si se quema, amarga. Cuando se añade el caldo hay que dejarlo al fuego lento, más que lento, amoroso: Que no lo abrase. Que no haga borbotones. Lo importante es que no haga borbotones. Es esta una sopa muy silenciosa, nada de estridencias, suave, suave. Durante veinte minutos. Al minuto doce, le añades los huevos. Los huevos y el jamón para que no sea sólo pan mojado, pero sin ellos también se come rica. Puedes ponerlos batidos. Sólo las claras y después las yemas al acabar. Los puedes poner enteros. Como digo, va en gustos. También en gustos va la sal, peo ahí, cuidado, que el jamón da mucho sabor y no vale pasarse. Si está seco, queda más salado. Con los sobres del super, no hay riesgo. Importante, el calor suave y la cuchara de madera. Yo tengo de olivo, que son amarillas. Están muy desgastadas y pulidas. Las cosas de los viejos están siempre desgastadas y pulidas, sin la fuerza de las asperezas de la juventud. Lo de los viejos es ir y venir de un tema a otro. Mezclar unos asuntos con otros, a veces con sentido y otras sin ello.

-María...

-Dime hijo. Te has quedado con la receta? Fácil, verdad? Pues mándala al concurso y te ganas la comida. Hay algo más de su finado y del Matías? Cómo no va a haberlo? Mil cosas, aventuras sin fin. Con eso no hay que centrarme, que va saliendo solo. La receta me cuesta más. Sin los pucheros, no me hago. Con una cuchara en la mano es mas fácil. Yo le doy las vueltas a la derecha, como las agujas del reloj. Si cambias el sentido, cambia el sabor. Si se lo haces a las natillas, saben peor. Con las sopas no he probado cambiar porque se revuelven poco. Casi nada. Así se hace tosta en el fondo, que es lo más rico. A ver qué has puesto, alcánzame las gafas. A ver: pelo y pluma, sopa silenciosa, sopa de lata. Pero tu ¿te has enterado de la receta?

-Si María. Muy sabrosa. Gracias. Dame un beso.

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