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Las Croquetas del Desierto

de Alicia Rivas
Nueva receta
12 Septiembre 2014

Amaneció en el pequeño oasis de SuDia y Aisha se dispuso a abrir su pequeño restaurante. Había sido un verano muy ajetreado, muchos viajeros habían pasado por allí y todos habían quedado contentos con el servicio recibido. Hubo un viajero que incluso le dejó de regalo un trozo de queso muy raro de su país. Cuando Aisha vio ese queso, no supo qué hacer con él, pero no podía rechazar el regalo, por lo que lo guardo y estuvo varios días pensando qué cocinar con tal presente y hoy, por fin, lo tenía claro. Iba a hacer una variante de sus riquísimas croquetas de dátiles.

Sin saber porqué, era el día perfecto para hacerlas, por lo que se puso manos a la obra y empezó a recopilar todo lo que necesitaba para su elaboración: 400ml de leche entera, 100g del queso que le había dejado el viajero, él decía que el queso se llamaba queso azul, aunque ella más que azul, lo veía cubierto de moho y con un olor un poco raro, 10 dátiles recién cogidos de la palmera que daba sombra a su restaurante, 10 cucharadas soperas de aceite, 4 cucharadas soperas de harina, huevos suficientes para empanar y pan rallado suficiente para empanar.

Una vez tuvo todo dispuesto sobre su cocina lo primero que hizo fue deshacer el queso azul en la leche a fuego lento hasta que quedó unificado y no se notaba ningún trozo de queso. Lo reservó para usarlo posteriormente y pasó a cortar los 10 dátiles en trocitos no demasiado grandes. Reservó ambas cosas y salió a saludar a Kenza, que venía a verla todas las mañanas:

- Buenos días Aisha

- Buenos días, Kenza

- ¿Qué plato estás preparando hoy?. Hay una caravana de viajeros que viene de camino y seguro que llegan con hambre, están a unas 4 horas de aquí. - Estoy preparando una variante de mis croquetas de dátiles, espero que les gusten.

- Seguro que sí, Aisha. ¡Qué pases buen día!

- Igualmente.

Kenza De vuelta en su cocina hizo un roux con el aceite y la harina (mezcló a fuego lento hasta que se deshizo totalmente y quedó una crema ligera), y una vez hecho, añadió los trozos de dátil ya partidos, los sofrió hasta que estuvieron tostados y hubieron soltado algo su jugo. Supo que estaban listos porque habían cambiado de color. Lo siguiente que hizo fue añadir poco a poco a la mezcla del roux con los dátiles, la mezcla de leche y queso azul que tenía reservada de antes, no dejó de remover hasta que se hubo formado la bechamel. Puso la bechamel obtenida en una fuente grande de cristal, la tapó con film transparente y la dejó enfriar unas horas.

Como Kenza le había avisado de que llegarían bastantes viajeros, decidió hacer un gran perolo de cus-cús de verduras mientras se enfriaba la masa de sus croquetas, así ninguno de los viajeros se quedaría con hambre. Habían pasado unas horas y la masa de las croquetas estaba lista. Las montó haciendo bolitas con la masa y pasándolas primero por huevo y luego por pan rallado. Ya sólo le quedaba freírlas cuando llegasen los comensales.

Acababa de empezar a preparar las mesas cuando entró en el restaurante el hombre más guapo y apuesto que había visto jamás. Ellá se quedó mirándole fijamente, y se quedó sin aire:

- Buenos días, Soy el guía de este grupo de viajeros y desearíamos comer y beber algo. Llevamos un largo día de viaje, ¿nos podría preparar algo? – dijo él -

(Aisha no pudo articular palabra, asintió con la cabeza y se metió para la cocina) Mientras les servía la comida y la bebida, su corazón iba a 1000 por hora, ¿quién era ese hombre que le había dejado sin habla?. ¿Cómo podía tener esos ojos, esa sonrisa y esa voz tan bonitos?. Ojalá se quedasen varios días en el oasis, pensó para si. Tras la comida, el guía se levantó, se dirigió hacia ella y le preguntó:

- ¿Cómo se llama la preciosidad que ha preparado estas deliciosas croquetas? Ella respiró, le miró a los ojos y le respondió: - Aisha.

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