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LA RUSA QUE BORDABA EL SOLOMILLO AL WHISKY

Pasa las páginas de la receta novelada para saber cómo puedes participar en nuestro concurso
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Queremos que aúnes tus dos pasiones: la lectura y la cocina y, para ello, hemos creado un pack exclusivo de 6 Recetas Noveladas 

Una Receta Novelada es una receta explicada dentro de un relato. En ella, los tiempos de preparación de la propia receta coinciden con los tiempos de lectura de una interesante historia.

En nuestro concurso de Recetas Noveladas  puedes elegir si prefieres crear una receta novelada desde cero, en cuyo caso no es necesario que leas el texto de la siguiente página, o si quieres continuar la receta novelada que te proponemos. En este último caso, sí que deberás de leértelo para poder continuarlo :)

Una vez que decidas de qué forma prefieres participar, señálalo abajo de esta misma página para poder continuar con tu participación vía web o desde Twitter :) 

 “Lola se puso manos a la obra, se colocó su delantal y…”

CONTINÚA...

 

Continuación

de Rocío Rodríguez
Continuación
22 Agosto 2014

“Lola se puso manos a la obra, se colocó su delantal y se dispuso a preparar los ingredientes de tan suculenta receta. Se trataba de una clásica pero especial crema de remolacha con un toque especial Su abuela Casilda, había enseñado a Lola esta receta cuando veraneaba en el pueblo, hace ya más de 30 años… esos veranos llenos de diversión, de alegría, calor y despreocupaciones… Ahora Lola era una mujer triunfadora, había seguido los consejos de su abuela y había forjado un buen futuro para ella y su familia. Hoy es un día especial, Lucas, su hijo mayor, regresa después de más de 5 años como voluntario en una ONG en África. Tiene muchas ganas de abrazarle, de besarle, de apretarle contra el pecho, como si fuese un bebé del que nadie podrá separar jamás. La receta requiere pericia en el corte. Ella, muy aficionada a la cocina, no tiene problema, no duda ni titubea a la hora de picar los ingredientes Los coge, los trincha por la mitad, y procede a realizar pequeños cortes que luego volverá a cortar y cortar hasta conseguir unos dados perfectos y exactos. Una lágrima corre por su cara. - Maldita cebolla –Se dice- mira que ningún truco consigue evitar que llore mientras pico cebolla… Sin embargo, no se da cuenta de que lo que tiene en la mano no es una cebolla, sino la remolacha y que esa lágrima es fruto de la emoción, de la alegría, de una unión entre la añoranza de la abuela y las ganas de abrazar a su Lucas… Pone el fuego, y la riega con un buen chorro de un aceite dorado, espeso, denso, que cae de modo uniforme y baña la base de una sartén, mientras desprende un olor característico, propio de un gran aceite de oliva virgen extra. Su abuela decía que el secreto de cualquier buena receta es la calidad de la materia prima. Ahora pica el puerro finamente, la dispone en un plato limpio antes de dejarlo caer en la sartén cuya aceite está empezando a coger temperatura. Después de rehogarlo suave y mimosamente, añade el tomate pelado y troceado en tacos pequeños. Sala ligeramente y sofríe estos ingredientes a fuego medio durante 10 minutos. - Cómo le gustaba ayudarme en la cocina –Se dice Lola mientras espera a que la verdura se poche bien -. Era el primero en ofrecerse a colaborar a la hora de poner la mesa. Lucas siempre ha sido más parecido a mi que sus hermanos; Ana es más descastada, igual que si padre y Roque es un “tiro al aire” como decía su abuelo… Ahora Lola añade la remolacha cocida y troceada, mezcla todo bien y vierte el caldo de verduras que previamente ha preparado. El jugo de la remolacha se funde con el resto de verduras ya pochadas, el líquido cristalino del caldo hace que todos los ingredientes se bañen y se integren de un modo espectacular. La remolacha va tiñendo todos y cada uno de los ingredientes de un modo mágico… Lola deja cocer durante 10 minutos a fuego vivo, sin dejar de darle vueltas y rectifica de sal y pimienta. Mientras, imágenes de aquellos veranos en el pueblo, se cruzan por su mente. Son tardes de calor, de río, de bocatas de chorizo a la sombra de los árboles que están junto a las escuelas… de riñas y lamentos por que la abuela nos obliga a guardar las dos horas de digestión tras la merienda… “Pero si Lucía no espera tanto, abuela!!!” … Una vez han cocido todas las verduras, las tritura con la batidora. Una batidora que tiene ya más de 26 años. Se la regaló su tía Agustina el día de su boda. Un modelo Mulinex de los primeros que salieron al mercado, con accesorios para batir claras y nata, e incluso para hacer masas… Tras batir la crema, le añade unos trocitos de un rico y semicurado queso de pueblo que todavía el señor Antonio le manda dos veces al año. Un queso jugoso, salado, con un toque picante que le da a la crema de Remolacha de la abuela Casilda, un sabor especial único. Sin duda es el ingrediente secreto de la receta. Vuelve a pasar la crema por la batidora y, para que quede más ligera, la pasa por el chino y elimina toda impureza. La dispone en una bonita sopera del siglo XIX, herencia de su suegra Julia y la introduce en la nevera, lista para servir en cuanto… Ring… ring… álguen llama a la puerta… “¿Lucas, eres tu?” “Si, mamá, ya estoy en casa, ¿qué hay de comer? ¿quieres que te ayude a poner la mesa?” “No, Lucas, antes quiero abrazarte y no soltarte jamás…”

Si quieres que gane este relato, ¡vótalo!
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