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La lasaña de la mafia

de victor nistal
Nueva receta
30 Julio 2014

Supo desde el primer momento que lo más probable era que le costara la vida. Mucho programa de protección de testigos, mucha vigilancia 24 horas pero eso no iba a ser suficiente. Mañana iba a testificar contra Nico del Piero, su jefe. Ex-jefe mejor dicho, y jefe de la mafia Sanabresa. No podía estar más nervioso, así que, como siempre que estaba nervioso enfiló sus pasos hacia la cocina dispuesto a cocinar la lasaña que su abuela le había enseñado a su madre y su madre a él. Cocinar era lo único que le templaba los nervios. Además si tenía que morir, por lo menos que fuese habiendo comido la lasaña de su familia. Sin tener muy claro porqué sacó la cámara de vídeo y la colocó de forma que grabara todo el proceso. Sobre la encimera dispuso 300 gr de carne picada de ternera, 1 pimiento verde, 1 pimiento rojo, 1 cebolla, 2 dientes de ajo, 1 vasito de vino tinto, sal, aceite de oliva, albahaca, orégano, salsa de tomate, placas para lasaña y queso rallado para gratinar para el relleno y para la bechamel 600 ml de leche entera, 60 gr de harina, 30 gr de mantequilla, nuez moscada, pimienta negra y sal. Miró los ingredientes que tenía sobre la mesa y una mezcla de orgullo y nostalgia le golpeó el corazón al acordarse de su abuela. Empezó por picar las verduras, el cuchillo parecía que tenía vida propia y temió por sus dedos en más de una ocasión. Echó aceite de oliva en una sartén, salteó la cebolla y los pimientos, cuando casi estaban en su punto, echó los dientes de ajo picados y lo rehogó todo junto. Añadió la carne picada, removió hasta que cogió color, echó el vino y dejó que se evaporara. Cubrió todo con el tomate triturado, echó sal, orégano y albahaca y dejó reducir a fuego muy bajo. Mientras el relleno se hacía a fuego lento, se sirvió una copa de vino y se dispuso a hacer la bechamel y cocer la pasta. En una cazuela alta puso a cocer la pasta en gran cantidad de agua y en un cazo derritió la mantequilla, rehogó la harina y vertió poco a poco la leche caliente sin dejar de remover. Condimentó con sal, pimienta y nuez moscada y lo coció durante 10 minutos hasta que espesó. Todavía le quedaba un rato al relleno así que se dispuso a repasar la declaración que había preparado con el fiscal. Era complicado, muchos datos, fechas, detalles, pero si todo salía bien, sería libre. Fuera llovía y hacía frío, la típica noche en que los asesinos salen a hacer su trabajo, pensó, no pudo evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo a pesar de estar bien abrigado y con la calefacción quemando gas a todo trapo. Sorbió el último trago de su copa de vino y se dispuso a montar la lasaña. En el fondo de una fuente para horno puso un poco de bechamel, encima una placa de pasta, otro poco de bechamel y relleno. Repitió la operación hasta casi llegar al borde de la fuente. Para terminar la última capa cubrió la lasaña con bechamel y espolvoreó queso rallado para gratinar. Metió la fuente en el horno precalentado a 200º y programó 25 minutos en el temporizador. Mientras tanto se recorrió toda la casa inspeccionando que todas las puertas y ventanas estuvieran cerradas y con los pestillos echados, que las persianas estuvieran bajadas y las alarmas conectadas. Aunque seguía sintiendo una sensación extraña se relajó, se sirvió otra copa de vino y se dispuso a ver fotos antiguas almacenadas en álbumes aún más antiguos. Casi habían pasado los 25 minutos, apoyó el álbum en la mesita y se dirigió a la cocina. Encendió la luz interior del horno para ver el proceso y en el acero inoxidable del horno vio reflejado el flequillo de Ruchío. Nico no se andaba por las ramas, no había mandado a un asesino cualquiera, había mandado a su asesina más eficaz, pensó mientras su cuerpo besaba el suelo mortalmente herido. Lo último que oyó antes descansar para siempre fue el “cling” del horno indicando que ya había terminado de hornear la lasaña. Ruchío gratinó la lasaña 2 minutos para que el queso cogiera color. Apagó el horno y se sirvió una buena ración de este manjar. Ese cadáver que yacía en el suelo sería un delator, pero tenía buena mano en la cocina. En ese momento se acabó la batería de la cámara de vídeo que estaba grabando la receta. El inspector de la policía científica que examinó el contenido de la cinta no se podía creer que tuviera una fantástica receta y un caso resuelto sin moverse de su despacho.

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2 comentarios
Damaboba

Buen caso para el inspector Nistal.

4 Agosto 2014
Savarin

La progesiva y paralela intensidad de la historias tiene un buen colofón.

8 Septiembre 2014