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Gazpacho Andaluz

de CARMEN PALOMARES
Nueva receta
4 Septiembre 2014

Corría septiembre del año 1992 y la Expo en Sevilla daba sus últimos coletazos. Todos los que habíamos esperado a que amainaran los calores para acudir nos agolpábamos buscando habitaciones libres en la ciudad, algo que se tornaba en misión prácticamente imposible, dada la gran afluencia de público. A las nueve de la noche, desde la Estación de Santa Justa, a mi marido se le ocurrió la gran idea: "Llamo a mi primo Juan Carlos y nos vamos a su casa". Pero no iba a ser tan sencillo, ya que, por entonces, el susodicho se encontraba de vacaciones en Navarra, sin embargo, después de varias llamadas, conseguimos localizarle, y nos pidió que fuéramos a casa de unos amigos a buscar su llave de repuesto.

Después de visitar las típicas tabernas y caminar por todo el centro, ya que no había ningún taxi disponible, sobre las 2 de la mañana conseguimos entrar en el patio andaluz que servía de portal, y a tientas, porque no encontrábamos el interruptor de la luz, encontrar la puerta. Dentro de la casa, observamos que la cama de matrimonio se encontraba ocupada, ya nos había advertido el primo que en esos días iría por allí la familia de su novia, procedente de Ávila, que no nos asustaramos, otra cama de 90, también ocupada, y por fin, una cama libre, aunque pequeña, pero agotados como íbamos, era lo de menos.

Cuando abrí los ojos, vi como me miraban por la rendija de la puerta, un poco sorprendida por la indiscrección de "los circunstanciales compañeros de piso", me levanté somnolienta, y les pregunté que quién eran, explicándoles que nosotros éramos los primos de Juan Carlos, mientras ellos, dos niñas jovencitas y un chico, no paraban de decir que cómo habíamos entrado y que quién era ese Juan Carlos. Deshecho el entuerto, me enteré que habíamos entrado por error en la casa del vecino, que ellos eran estudiantes y habían alquilado el piso al mismo arrendador que el primo de mi marido, probando, les demostré que la llave servía de apertura para ambos inmuebles.

Aclarado todo, y ante mi aspecto inofensivo, en pijama y embarazada de mi segundo hijo, repuestos del impacto, me pidieron que me duchara, me quedara a desayunar, y dejara que mi marido continuara durmiendo. Querían preparar ese día un gazpacho para comer, pero no sabían por donde empezar, era el comienzo del curso fuera de casa y lo que se salía del filete vuelta y vuelta para ellos era algo complicado, así que me puse con ellos manos a la tarea. Encontramos en la nevera 4 tomates muy gordos, un pepino, dos pimientos, uno verde y otro rojo, una cebolla pequeña, 1 ajo, sal, cominos, aceite y vinagre, alguno de ellos había hecho los deberes el día de antes. En un bol, cortamos un trozo de pan duro que había sobrado de la cena el día anterior, lo dejamos ablandar con el aceite y el vinagre y posteriormente lo trituramos con la batidora, después fuimos añadiendo el resto de ingredientes, pasándolos también por la túrmix. Por último, para quitar pepitas y pellejos, lo pasamos todo por el pasapurés y lo metimos en la nevera.

Con el ruido, mi marido ya se había levantado, menudo corte nos llevamos con la equivocación, pero ya había conseguido una amistad con los chicos, que parecía que nos conocíamos de toda la vida. Nos fuimos a visitar la expo, y a la vuelta, al medio día, estábamos invitados a comer en su casa. Sirvieron el gazpacho con unos hielos, ya que hacía ese día mucho calor, y nos supo a gloria.

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