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EL PUEBLO DONDE NUNCA SUCEDÍA NADA

de Maria Isabel Rivera
Nueva receta
26 Agosto 2014

El día era gris, unas nubes negras amenazaban tormenta de un momento a otro. Elsa se encontraba sentada en su sillón de lectura muy cerca de la ventana. A través de ella, se veían los árboles y plantas del jardín bambolearse de un lado a otro como en una coreografía de baile perfectamente ensayada. La casa estaba situada a las afueras del pueblo teniendo que cruzar un pequeño bosque de pinos. Una casa en la que habían disfrutado varias generaciones, sobre todo en primavera y verano, cuando había niños pequeños a los que se dejaba corretear libremente, mientras los mayores se ocupaban de sus tareas o simplemente descansaban tranquilamente. Ninguno de sus habitantes, aunque ocasionales, se había ocupado de hacer grandes arreglos, por lo cual,no se encontraba en perfectas condiciones, aunque tampoco era una ruina. Algunas de las puertas chirriaban, las baldosas del suelo crujían al pisarlas y las tuberías del agua caliente sonaban a cualquier hora del día o de la noche. Pero este día la casa estaba especialmente silenciosa. Elsa había ido sola a pasar unos días para quitarse el estrés de la gran ciudad y se estaba dedicando sobre todo a la lectura que era una de sus grandes pasiones. Los libros le hacían vivir aventuras, viajar por lugares impensables y conocer gente que sólo ella conocía. Otra de sus grandes aficiones era la cocina. Según se presentaba la tarde pensó que no podría salir a dar su paseo habitual de cuando se encontraba en aquel lugar, así pues cerró el libro y se dirigió a la cocina con intención de preparar algo. pensó que cocinar para ella sola no le apetecía mucho. Cogió el teléfono y marco en número de Rafael. Se conocían desde pequeños y siempre que iba al pueblo quedaban para ponerse al corriente de las novedades que hubieran ocurrido él del pueblo y ella de la ciudad. No creía que él tuviera muchos planes pues en el pueblo apenas había algún local en el que entretenerse malamente. Marco y al cuarto tono escucho la voz de Rafael. - Hola, soy Elsa. - Hola, que alegría escucharte, ¿como te encuentras?. - Estoy bien, ya sabes un poco cansada de tanto coche, tanto ruido y tanta gente, venir aquí es para mí como ir al mejor de los balnearios, cuando me marcho me voy con las pilas cargadas para otra buena temporada. Y tú ¿como estas?. - Pues yo todo lo contrario, deseando que suceda algo que permita tener conversación aunque sea por unos pocos días, ya sabes, aquí nunca pasa nada. - Te llamaba porque me preguntaba si querrías pasarte por aquí y tomar algo mientras charlamos, seguro que tienes cosas que contarme. Estoy deseando saber qué tal te va con el huerto ecológico que emprendiste el año pasado, seguro que los frutos que plantaste están de muerte. Aquí hay buena tierra y tú tienes muy buena mano y muy buen gusto. ¿qué? ¿te animas?. - Pues claro, ¿a que hora te viene bien?. - Pues sobre las ocho. - De acuerdo, yo llevo el vino, y unos calabacines que te parecerán celestiales para que sepas de primera mano lo que se puede cultivar en estas tierras. Muchas gracias: dijo Elsa. Los dos se despidieron con una sonrisa hasta un rato. Elsa se dirigíó directamente a la cocina y abrió el cajón donde se encontraba el cuaderno de recetas de su madre, le apetecían mucho unas vieiras gratinas con espinacas y langostinos y creía tener lo necesario para prepararlas. ocho vieiras, cien gramos de langostinos pelados, ocho hojas de espinacas, una cebolla, dos cucharadas de aceite de oliva, dos cucharadas de mantequilla, dos cucharas de harina, un cuarto de litro de leche desnadata o semidesnatada, ocho cucharadas rasas de pan rallado y sal. Elsa empezó a moverse con rapidez y seguridad por la cocina, fue colocando sobre la encimera cada uno de los ingredientes y algunos cuencos y utensilios.. Lo primero era abrir las vieiras cogiéndolas con un paño de cocina para que no resbalasen y pasando un cuchillo pequeño entre las dos valvas las presionó ligeramente para separarlas y retiró la carne con cuidado de no romperla. Lavo los medallones y el coral eliminando bien la arena y cualquier resto adherido. también lavó las conchas. Picó lo más menuda que pudo la cebolla y la puso a sofreir. Agrego los langostinos pelados y troceados, junto con las hojas de espinacas limpias, hasta que los langostinos estuvieron en su punto. Añadió a este sofrito a fuego suave las dos cucharadas de harina y lo dejo hasta diluirse. A continuación agregó la leche y removió constantemente hasta formar una crema bechamel. Elsa se vio reflejada en el cristal de la ventana de la cocina. Aún contaba con casi una hora hasta que llegase Rafael. La receta la tenía prácticamente terminada y pensó que le vendría bien una ducha y cambiar un poco de aspecto, hacía algunos meses que no se veían y no quería que Rafael pensase que se había abandonado. Subió las escaleras hasta el primer piso de la casa, entró en su dormitorio y abrió el armario. Eligió para la cena unos vaqueros pitillo algo desgastados y una camiseta blanca con el dibujo de una mariposa de muchos colores. En el cuello se pondría un pañuelo anudado, en color verde esmeralda, haciendo juego con sus ojos. Se desnudó y se metió en la ducha. La luz del baño se apagó y Elsa quedó a oscuras. No había ventana y sólo veía una leve linea de luminosidad que entraba desde el dormitorio a través de la puerta entreabierta. No recordaba que en el pueblo, era rara la semana que en un momento u otro la luz no brillaba, precisamente por su ausencia. No le dio mayor importancia y continuó con su ducha. Pensó que Rafael sabría arreglar la avería en un momento. Una figura desconocida y sigilosa se acercaba a la bañera. En la mano derecha llevaba algo que brillaba, era el cuchillo de abrir las vieiras. El desconocido apuñaló una y otra vez a Elsa, sin que esta tuviera tiempo de reaccionar, ni siquiera de decir un solo sonido. Rafael llamó al timbre, pero se dio cuenta de que la puerta estaba entreabierta. - Hola, ya estoy aquí, quizás he llegado pronto. - ¿Elsa?. Rafael pensó que quizás Elsa estaría en el jardín cogiendo algunas flores para la mesa de la cena. Salió, pero no vio a nadie. Además ya estaba lloviendo. Se dirigió hacia la cocina y contempló lo que iba a ser la cena, aunque no parecía terminada. - Hola, Elsa. Rafael empezó a subir las escaleras, todo parecía en orden y se oía el ruido del agua, volvió a llamar a Elsa, esta vez más fuerte por si no lo oía por el agua. - Elsa, Elsa, ¿te encuentras bien?. Rafael no se atrevía a entrar en el cuarto de baño, pero intuía que algo no iba bien. Cuando abrió la puerta, con la luz del dormitorio pudo ver la escena aterradora de Elsa sin vida. Bajo las escaleras de dos en dos, cogió el teléfono y sin saber cómo marcó el número de la policia, con la voz entrecortada les contó lo que pudo. Estos le dijeron que no se moviera de ahí, llegarían lo antes posible. Rafael no podía sentarse, tampoco moverse, estaba como petrificado. Sus pies le llevaron a la cocina. Mientras esperaba empezó a leer la receta que había estado preparando Elsa. Sus manos empezaron a moverse como autómatas pero correctamente y terminó de hacer la receta. Colocó la bechamel en cada concha de vieira sobre el medallón de carne correspondiente y su coral. Espolvoreó las vieiras con abundante pan rallado y las gratinó en el horno.

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3 comentarios
agus_serna

Se trata de una forma original de presentar una receta de cocina , haciendo que tanto los ingredientes como su elaboración puedan asociarse a hechos o situaciones que contribuyen a recordarla mejor que su simple lectura.
Muy buen relato. ¡ENHORABUENA!

27 Agosto 2014
manmen

Me ha parecido un relato muy original.

27 Agosto 2014
remedios molina caballero

¡¡ original, original¡¡¡
Me ha gustado el planteamiento y no me esperaba ese desenlace, pero me encanta la receta.

28 Agosto 2014